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Los antiguos mayas dejaron una herencia que aún vive en sus actuales descendientes y en todos los demás habitantes de la Península, así como en los majestuosos edificios que construyeron por siglos a lo largo y ancho del terreno peninsular, mismos que moldearon el paisaje para siempre.
El paisaje abarca selvas casi impenetrables hacia el sur de Campeche y Quintana Roo, en lo que se conoce como la Gran Selva Maya, extendiéndose hasta el Petén guatemalteco, delimitada por los pantanos de Tabasco y la cordillera de Chiapas.
Hacia el norte se encuentran las selvas bajas espinosas e inundables, características de una región que comparte tipos de vegetación con las islas del Caribe y las zonas áridas del país, volviéndose única representante de especies endémicas de plantas y, principalmente, aves y reptiles.
Ciénegas y rías se extienden a lo largo de toda la costa, salpicadas por densos manglares y extensas dunas costeras, formando amplios humedales altamente productivos entre los cuales se forman, gracias a los ojos de agua dulce subterránea que afloran a la superficie, los petenes: un tipo de vegetación único de Florida, Cuba y la Península de Yucatán, que consiste en islas de selva alta rodeada por manglares y sabanas.
A la orilla del mar, las dunas costeras de arena de playa constituyen un buen ejemplo de la naturaleza yucateca. Este paisaje costero inconfundible de palmas nativas, cactus y agaves sobre arena blanca es único en el mundo.
Pero el paisaje peninsular no termina en las playas, sino que se continúa en el fondo del mar, donde los arrecifes coralinos de Quintana Roo forman parte de la segunda barrera de arrecifes más grande del mundo, luciendo en las transparentes aguas del Caribe Mexicano multitud de seres coloridos y extraños.
Todas estas regiones tienen algo de distintivo, que las hace regiones de inapreciable valor, por su gran diversidad de animales y plantas. Muchas de las especies silvestres que aquí habitan son muy peculiares, algunas incluso distintivas de la Península de Yucatán.
Flamencos, jaguares, tortugas marinas, monos aullador y monos araña, tiburones ballena y mantarrayas, mariposas, escarabajos, murciélagos y tarántulas, venados, tapires, zarigüeyas, tuzas, cocodrilos y serpientes.
Toda esta valiosa biodiversidad está resguardada y es manejada en mayor o menor medida a través de un amplio sistema de áreas naturales protegidas. En la Península de Yucatán existen ocho Reservas de la Biosfera, desde la vasta selva de Calakmul hasta los impresionantes arrecifes de Banco Chinchorro. Desde los humedales costeros de Los Petenes, Celestún y Ría Lagartos, en el Golfo y norte de la Península, hasta el mosaico natural de Sian Ka’an en el caribe quintanarroense.
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